Tuve la suerte de conocer hace muchos años uno de los mejores clubes de golf de América Latina: Yucatán Country Club. Un lugar realmente paradisíaco en la ciudad de Mérida, México, con una cancha diseñada por Jack Nicklaus e instalaciones de primer nivel mundial. Sin embargo, de aquella experiencia me queda el recuerdo imborrable de su academia de golf. El Head Pro del club me invitó a presenciar uno de los entrenamientos con los más pequeños y les juro que me emocioné. Eran más de 60 niños y el más grande tenía unos 8 años y estaba vestido todo de color naranja, de los pies a la cabeza. “Mi ídolo es Rickie Fowler”, me avisó. Sí, lo suponía. “Mira cómo sale esta bola”, me dijo una futura Michelle Wie segundos antes de pegar 200 yardas con draw, la envidia de cualquier chico de 6 años, e incluso de alguno de nosotros.
En una y otra posición de la Academia Jack Nicklaus del Yucatán CC se entremezclaban los sueños de los más pequeños que habían encontrado en el golf no sólo un deporte sino una manera de vivir, de sentir.
Mientras observo desde la terraza del club house de Nordelta Golf Club el desarrollo del Sudamericano Juvenil 2019, pienso en la importancia que tiene para este deporte (para todos, en realidad) la multiplicación de aquel fenómeno de Mérida. Obviamente allí había recursos, casi ilimitados por tratarse de un club privado en una zona de alto poder adquisitivo de esa ciudad.
En otras oportunidades y en distintos puntos de América Latina, muchas veces los recursos no alcanzan para desarrollar profesionalmente ese semillero del que indefectiblemente saldrán grandes jugadores. El talento en la región sobra. Alguna vez me lo dijo un ganador de varios torneos en el Champions Tour: “es notable el potencial que tienen los golfistas de Latinoamérica. Si tuvieran las oportunidades económicas que hay en otros países como Estados Unidos, la historia sería diferente”.
Las Federaciones y Asociaciones de América Latina trabajan en distintas alternativas para captar la atención de los más chicos y acercarlos al golf. En Sudamérica la lucha es desigual con los deportes masivos y achicar esa brecha no es sencillo. Porque no sólo se trata de apostar al alto rendimiento. La historia pasa por otro lado: cuantos más niños se acerquen al deporte, más posibilidades habrá de generar grandes campeones, aunque no sea ése el principal objetivo.
En ese sentido, la competencia con las grandes potencias es prácticamente imposible. Recuerdo una interesante charla con el entrenador del equipo femenino que representó a Corea en el World Amateur Team Championships que se disputó en Argentina en 2010. “Esta semana vinimos con estas tres jugadoras, pero tenemos más de 600 en alta competencia que perfectamente podrían haber formado parte del equipo”, fue la frase que me desconcertó. ¿El resultado? Le ganaron por 17 golpes al fuerte equipo de Estados Unidos.
Lejos de ese escenario casi ideal y de explosión total del golf en Asia -apoyado en una economía creciente que destina millones al golf-, en Sudamérica hay una buena noticia: la preocupación por el tema está planteada desde hace ya un tiempo a partir del apoyo clave de The R&A, la institución que gobierna el deporte en todo el mundo, a excepción de Estados Unidos y México. Tal es la importancia que The R&A le da a la región que en 2015 designó a un Director en América Latina y Caribe, el argentino Mark Lawrie.
De hecho, varios de los temas que se desarrollaron en el último Congreso de la Federación Sudamericana de Golf que tuvo lugar durante la semana del Players Championship y del que formaron parte tanto Lawrie como Martin Slumbers (Chief Executive The R&A), apuntaron en esa dirección. Golf inclusivo, golf femenino y desarrollo de campos públicos que invariablemente se traducirán en mayor gente con acceso al deporte, fueron algunos de los puntos que ocupan a los popes del golf mundial. Y eso siempre es un buen mensaje.
En definitiva, es clave el trabajo diario de las Federaciones y Asociaciones de Sudamérica en colegios, escuelas deportivas, clubes tradicionales sin acceso a canchas de golf, desarrollos inmobiliarios, universidades, etc. La tarea en conjunto para eliminar el concepto de deporte elitista y caro no es fácil, pero hay un camino abierto y habrá que recorrerlo. Si se logra, aquel “Rickie Fowler” mexicano del Yucatán CC, se multiplicará por miles y la batalla deportiva habrá sido ganada.