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El día después…
Por @Jpagolf
Foto por: Getty Images

Sobre el final de la transmisión oficial del Arnold Palmer Invitational, se hizo referencia a la cantidad de dinero que percibiría Matthew Fitzpatrick, el escolta del ganador, Francesco Molinari. La diferencia entre terminar segundo solo o compartir ese lugar era (es) escalofriante y los números que comenzaron a profundizar los comentaristas derivaron en una frase que sin dudas sobrevuela hace años: “deberían darle un porcentaje a Tiger”. Y aunque no es literal y en la práctica es imposible, tengo la certeza que no son pocos los jugadores que interiormente saben que algunos de los ceros de sus cheques se lo deben a Woods.

Es cierto que fue el propio Palmer el que empezó a hacer de un deporte elitista y poco popular un negocio multimillonario que se apoyó en la televisión para explotar en el mundo entero. Una globalización en la que también fue clave “The King” cuando se animó a cruzar el Atlántico para ir a jugar The Open, todo un pionero en esa conquista.

“Nací en una época equivocada, algunos años antes…”, bromeaba Roberto De Vicenzo cuando escuchaba la montaña de dólares que acumulaban jugadores que no habían ganado ni el diez por ciento de los títulos del Maestro. “El cheque de la casa de apuestas fue más grande que el de mi triunfo”, recordaba De Vicenzo en relación a su victoria en The Open 1967, cuando el argentino apostó por su triunfo en Hoylake.

En 1962 Jack Nicklaus cobró solo 33 dólares en su primer evento en el PGA TOUR y 17 mil por su primer título en la gira (US Open de ese mismo año), mientras que recién en 1988 fue Curtis Strange quien se convirtió en el primer golfista en superar el millón de dólares en una temporada. Ya con el fenómeno Tiger en plenitud, fue Vijay Singh en 2004 el que ganó 10 veces más que Strange en un solo año.

Son muchas las respuestas a este fenómeno, pero todas tienen un denominador común: Tiger Woods, el jugador que rompió todos los records de contratos publicitarios y televisivos y, por decantación, favoreció a sus colegas y agrandó sus cuentas bancarias. Si el PGA TOUR es una maquinaria inagotable de recursos y un circo multimillonario es, en gran parte, gracias a al ganador de 14 Majors. Un dato: en 2018 la gira repartió más de 300 millones de dólares, más del doble de lo que repartió en 1999 cuando Tiger firmó su primer contrato televisivo.

Como comentamos hace poco en este espacio, la televisión es el motor que mueve el negocio y los ratings son bien dispares cuando Tiger forma parte de un campeonato (llegan a sus picos máximos históricos cuando además es protagonista) o cuando se ausenta. En el último PGA Championship, donde Woods finalizó 2do detrás de Brooks Koepka, la cadena CBS anunció que el rating de la última ronda fue de 6.1, un 69% más que en 2017. La última vez que el rating se disparó de esa forma en ese Major fue justamente en 2009 cuando Tiger llegó como puntero el domingo y perdió con Y.E. Yang. Aquella vez, el número mágico fue de 7.5.

Todo esto se traduce en millones y millones de dólares en la danza del PGA TOUR, pero atención: ¿está la gira preparada para el retiro de Tiger Woods? Los más optimistas responden afirmativamente y recurren como respuesta los años en los que el astro se ausentó de las canchas tras sus múltiples lesiones o el “TigerGate”. Sin embargo, para algunos, el día que anuncie su retiro definitivo de las canchas, ya nada será igual. No habrá otro igual. Por supuesto, el deporte seguirá su camino de la misma forma en que lo hizo tras los retiros de Nicklaus, Palmer, Ballesteros, Norman, etc. Pero esa química que aún genera Tiger, ese sentimiento indescriptible, ya no estará. No hay Rory, ni Jordan, ni Justin, ni DJ, que puedan llenar ese vacío que por suerte volvió a llenarse tras muchos años. Pero el día después… será triste y duro.    

Fecha: 18 de marzo, 2019
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