Hace apenas una semana escribía en este mismo espacio que Joaquín Niemann ya había ganado en la Presidents Cup. Que el resultado poco importaba y el sólo hecho de formar parte de uno de los eventos más espectaculares -y selectos- del golf mundial ponían al chileno en otra dimensión. Sin dudas, confirmo aquello que señalaba en la editorial del lunes: la presencia de Niemann en Royal Melbourne lo ubican en un sitio nunca antes visto para un golfista de este país.
Podrán decir los detractores y resultadistas de siempre que Joaquín sólo aportó medio punto en la derrota del equipo internacional y que su juego fue “irregular”. Claro, desestimarán el hecho de que debutó en Australia frente a un señor llamado Tiger Woods y que tuvo como compañero a uno de los mejores jugadores de los últimos cinco años como Justin Thomas. Tampoco tendrán en cuenta aquellos que hubo una sesión en la que Ernie Els no lo mandó a la cancha y que en el mano a mano contra Patrick Cantlay, un jugador con mucha experiencia a pesar de su corta edad, estuvo a la altura (incluso llegó a estar dos veces arriba en el marcador).
Fue una semana de aprendizaje para Niemann y de mostrar la calidad del golf chileno a todo el mundo. Porque detrás de cada aparición de Joaquín en la TV, había algún comentario de su victoria en el PGA TOUR, de su presencia en el Masters 2018, de su victoria en el LAAC, de sus orígenes, del semillero chileno, etc. Una vez más, capitalizar la presencia de Niemann en un show extraordinario como la Presidents Cup es el desafío que tienen por delante cada uno de los actores de este deporte en el país.
No será la última Presidents que jugará Joaquín, eso está bien claro. Porque dejó una impresión muy buena dentro y fuera de la cancha. La relación con sus compañeros de equipo y con el capitán, dicen, fue extraordinaria. Y eso suma a la hora de pensar en elegirlo nuevamente, sea Els o cualquier otro el capitán en 2021.
Para el final, guardo una opinión muy personal respecto de esta competencia: necesita urgente un triunfo del equipo Internacional para no entrar en una monotonía que puede ser perjudicial para su futuro. Pasó primero con la Ryder Cup y la Solheim Cup, eventos que dominaba EEUU en sus comienzos y que desde el resurgimiento de Europa cada edición se volvió vibrante y emotiva. Más allá de la presencia de Niemann y Abraham Ancer (fue el mejor jugador de su equipo), una victoria Internacional era realmente necesaria. Estuvieron cerca una vez más pero no alcanzó. La potencia de los estadounidenses, aún con la ausencia de Brooks Koepka, se hizo sentir en los individuales con un Tiger supremo. Quizás por él, en su doble rol de jugador y capitán, la derrota dolió menos.