Hace algunas semanas nos preguntábamos en este mismo espacio sobre el balance de la temporada del mejor jugador de todos los tiempos. ¿Fue un gran año para Tiger o, más allá de la histórica e impensada victoria en Augusta, fue una temporada irregular? No importa, ya está. Es una pregunta vieja y, por ende, la respuesta no tiene valor. Porque el hombre de los milagros se reinventa todo el tiempo y hace añicos cualquier análisis.
Y en ese renacer casi permanente, con notorias dificultades físicas y varias (demasiadas) horas de quirófano encima, el tipo alcanza records que parecían imposibles. Este domingo no fue la excepción: con su victoria en Japón llegó al número mágico de 82 victorias en el PGA TOUR para igualar la marca de una leyenda, Sam Snead.
“Soy un afortunado por haber tenido la carrera que tuve”, dijo sin ocultar la emoción de sentirse pleno en un regreso a la competencia oficial después de su operación de rodilla (una más). Me llamó la atención la utilización del pasado para hacer referencia a su carrera y por un instante me preocupé… ¿Se está empezando a retirar? No, tranquilos. Enseguida aclaró que disfruta jugar al golf con su cuerpo sano, sentirse competitivo y que todavía hay leyenda para rato. Sí, claro, aunque las leyendas se transforman en tal cuando se retiran de su actividad, Tiger YA tiene ese lugar asegurado no solo en el golf sino en el deporte mundial.
Hablamos ya infinidad de veces del magnetismo que genera, de su carisma, de la forma en que logra, aún sin jugar, mantener vivo el negocio del golf solo con su nombre. Seamos sinceros, sólo unos pocos se hubieran mantenido despiertos hasta altas horas de la madrugada para ver la definición del ZOZO Championship entre Matsuyama, Woodland y Rory. Y eso se traduce en rating de TV y eso en dólares, muchos. Inversiones millonarias que realizan las empresas para que el torneo llegue a todo el mundo y, con Tiger en cancha, el superávit es automático. Mucho más si gana o está en la pelea por el título el fin de semana.
Será difícil llenar el vacío que dejará Tiger cuando decida retirarse definitivamente del deporte. Pensaba lo mismo unas horas antes cuando Roger Federer ganaba en Basilea su título número 103 en el ATP Tour. Y en el tenis el dolor es más grande porque la “jubilación” llega antes y porque al BIG3 (Roger, Nadal y Djokovic) no le quedan muchos años más en el carretel, aunque sigan brillando en la cancha. Uno mira hacia abajo y la luz de esperanza es más bien tenue a la hora de buscar posibles figuras que tomen la posta de semejantes carreras. Y, otra vez, no sólo desde lo competitivo sino desde lo que generan fuera de la cancha.
Está claro, los puristas dirán que el golf existe desde mucho antes que naciera Tiger, incluso Nicklaus, Palmer, Player, Trevino o el que ustedes quieran. Pero permítanme decirles que el golf es otro desde la aparición de Woods y no será lo mismo sin él. El hombre de los milagros elevó la vara hasta una altura, creo, inalcanzable. El domingo, en Japón, la elevó algunos metros más tras convertirse en miembro del “Club de los 82”.